No Más Bromas: Historia de los payasos en el cine de terror

Todos tenemos un amigo que le teme a los payasos, al punto que si los amarraras a una silla, estilo Naranja Mecánica, y los obligaras a ver IT contra su voluntad, dejarían de ser tus amigos en Facebook y en la vida real.
Aunque la coulrofobia (el miedo a los payasos) no está reconocida en ningún manual de psicología, los fans del terror la comprenden muy bien. Los payasos ponen nerviosa a la gente con sus sonrisas coloridas y exageradas, y sus ropas extrañas (sin mencionar los zapatos). Pero ¿cuándo fue que estos arlequines empezaron a perseguir a los niños y a convertir las casas de la risa en casas embrujadas? ¿Cómo fue que estos bufones se volvieron pesadillas vivientes?

Desde luego, Tim Curry y el Pennywise de Stephen King tienen mucho del crédito (eso es comprensible), pero vayamos más atrás. Los payasos pueden ser rastreados hasta el antiguo Egipto y China, pero la forma en la que los conocemos data del siglo XVI. Los bufones aparecen en los trabajos de Shakespeare y también en los teatros griegos y romanos. Avanzando un poco, los payasos modernos de circo se originaron en el siglo XIX, gracias a Joseph Grimaldi, a quien los smithsonianos llaman “el primer ancestro reconocible del payaso moderno”. La carrera de pantomima de Grimaldi lo llevó a una senda de alcoholismo y depresión, algo que un joven Charles Dickens usaría de base para Los Papeles Póstumos Del Club Pickwick, que presenta su personaje payaso como borracho y horrible, un personaje que podría destruirse a sí mismo por su público. Algunos incluso le dan el crédito a Dickens por plantar la semilla del payaso maligno que continuaría acechando futuras obras, películas y audiencias.

Conforme avanzaba el siglo, el traje de payaso cambió de harapos de sirviente al paquete completo: pintura facial blanca, ropa de gran tamaño, zapatos exagerados, narices rojas, etc. Mientras que los trajes se volvían más sólidos, los personajes se volvían más oscuros. En la ópera italiana Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, un payaso mata a su traicionera esposa durante una presentación en pleno escenario. El autor francés Catuelle Mendès, en su obra de 1887 La Femme De Tabarin, sigue un argumento similar (por lo cual demandaría a Leoncavallo). Los payasos se impregnaron de morbo; el concepto de un hombre viviendo y matando detrás de un velo de maquillaje y disfraces se volvió un terror tangible para el público en el mundo entero.

La historia ha hecho un trabajo excelente transtornando el personaje del payaso, y los escritores y realizadores han explotado eso, regando las semillas que con delicadeza plantaron previamente dramaturgos y autores. Los payasos siniestros en las películas pueden encontrarse desde 1924 en una película muda llamada He Who Gets Slapped (El Que Recibe Las Bofetadas). Lon Chaney protagoniza como Paul Beaumont, un hombre que consigue una oportunidad en un circo donde docenas de payasos lo golpean hasta cansarse cada noche. Volviendo al día de hoy, la expectativa por el remake de IT demuestra que la amenaza de los payasos malignos en el cine de terror no ha cambiado en nada.
Aunque la performance de Tim Curry es más que icónica, Pennywise no es el único payaso de pesadilla que merece sus gritos.

Pese a que la reputación de los payasos reflotó en algo durante los 50s y 60s (gracias en parte al payaso Clarabell de Howdy Doody, el payaso Bozo y Ronald McDonald), este retorno a la inocencia duró poco gracias a uno de los asesinos en serie más perversos de los Estados Unidos. John Wayne Gacy fue un payaso profesional que se presentaba con el nombre de Pogo, y entre los años 1972 y 1978, atacó sexualmente y asesinó a más de 35 hombres en Chicago. Aunque se dice que nunca mató con el disfraz puesto, los medios se encargaron de tergiversar su historia. Los titulares continuaron destruyendo el concepto de payaso y aterrando al público (La vida de Gacy sería expuesta luego en una película de 2003, Gacy). Su brutalidad lo hizo irrefutable: los payasos eran seres misteriosos y maliciosos en los que no se puede confiar, y en los casos más extremos, eran perturbados y asesinos.

En 1982, ningún niño que vio Poltergeist salió sin afectarse. Cuando Robbie Freeling es atacado en su dormitorio por el muñeco de payaso poseído por una presencia demoníaca, hizo que cada miembro de la audiencia se escondiera en su asiento. Poltergeist podría incluso ser la única razón por la que muchos adultos mantengan viva su repulsión por los payasos (Cualquiera con un muñeco similar debe haberlo dejado al fondo del tacho de basura ese año.)

Killer Klowns from Outer Space (Payasos Asesinos Del Espacio Exterior) le dio otro giro distitno al sub-género, usando versiones alienígenas exageradas y caricaturezcas como amenaza mundial. Lo que es cómico ahora fue más que aterrador en la infancia, y los que fueron niños en 1988 pueden agradecer/culpar a los hermanos Chiodo. La película fue alternativa y digna de culto, y aún así una total demencia.

Si la posesión demoniaca y los Payasos Asesinos no fueron suficiente, con seguridad la personificación de Sid Haig como el Capitán Spaulding en House Of 1000 Corpses (La Casa De Los 1000 Cadáveres) y The Devil’s Rejects nos tocó de nervios. Dirán lo que quieran sobre las películas de Rob Zombie, pero Haig logró su lugar en el Salón De La Fama de los Payasos como uno de los psicópatas más enloquecidos y brutales que haya aparecido en pantalla.

Los payasos aparecen en casi cada sub-géreno del terror, desde películas de zombies (Zombieland) hasta el infame “torture porn” (SAW), alguna alegoría histórica como la genial Balada Triste De Trompeta, e incluso a unas más descabelladas como Krampus (sin mencionar la interminable lista de películas independientes). Los payasos son un recurso de susto que los narradores han utilizado por cientos de años, un elemento argumental probado y aprobado que siempre lleva la locura a niveles inimaginables. Aunque tengan orígenes inocentes, la perversión de los payasos y el pavor que inducen nunca morirá.

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