Reseña Al Paso 2×1: 31 y Don’t Breathe

Dos películas que se vinculan por el género de terror, pero se diferencian en calidad. Mientras una es trabajada por un director con experiencia, la otra está encargada por un talento en ascenso. En esta ocasión, el talento ha superado a la experiencia.

31 cuenta la historia de un grupo de personas que son secuestradas el día de Halloween para participar en 31, un juego macabro que consiste en sobrevivir ante una diversidad de asesinos sanguinarios y sádicos por 12 horas a como dé lugar.

Don’t Breathe, por el contrario, es sobre tres ladrones que planean realizar el último gran robo a un ciego en un vecindario abandonado. Lo que estos muchachos desconocen es que el dueño de la vivienda cuenta con una serie de habilidades que convierten su discapacidad en una ventaja.

Con 31, Rob Zombie quiere dejar en claro su capacidad como autor. Y es que después de Lords Of Salem, la técnica en fotografía e iluminación se trabaja detalladamente. Y la temática se retoma a The Devils Reject. Por ese aspecto, puntos a favor para 31. Por el otro lado, Fede Álvarez cambia la violencia visceral de Evil Dead por un terror más claustrofóbico. Y sí que sabe cómo crear tensión con situaciones tan simples y ordenadas; todo por una cuestión de causa y efecto llevada a la perfección.

El problema con 31 es lo mismo que viene recurriendo Zombie a lo largo de sus películas. La exageración de la morbosidad por encima de una trama o personajes bien pensados. 31 eventualmente es una historia plana y repetitiva, no genera el suspenso que se espera. Más bien, decide explotar la violencia y, si bien Zombie no tiene filtros para ello, no es suficiente. Pareciera que, en su afán por contar la historia como quisiera, Zombie perdió el rumbo de hasta los más mínimos detalles.

Muy distinto es Don’t Breathe, en el que Álvarez sabe jugar con los elementos que tiene y dirigir todo por un mismo camino. Emplea constantemente clave baja en su iluminación y lo trabaja magistralmente para mostrar lo justo y necesario; como también para aportar más a la atmósfera de lo desconocido. Y la edición de sonido contribuye a este ambiente donde todos los sentidos priman salvo la visión.

Richard Brake, como Doom-Head en 31, es de lo mejor que hay en la película. Y no es por merecer su personificación, pero resalta el personaje porque el resto simplemente está mal dirigido o mal construido. Brake resalta por sus capacidades y, lastimosamente, porque no hay mucho sobre qué destacarse. Caso contrario de Stephen Lang en Don’t Breathe, que si bien comparte el reparto con un grupo muy reducido, cada quien cumple pero es Lang el que se lleva las palmas por ser un villano tan frío, despiadado y siniestro sin decir mucho. Son sus movimientos los que lo convierten en una especie de máquina para matar. Y cuando tiene que hablar, lo hace de una manera tan tranquila pero amenazante a la vez.

En resumen, 31 es la sobreexageración de Rob Zombie, se presenta como una película realizada por él y, será uno de sus mejores trabajos en cuanto a técnica, más no como narrativa. 31 es pretende ser el exceso de la morbosidad, pero incluso falla en intentarlo. Caso contrario para Don’t Breathe, que le da el status a Fede Álvarez como un director con bastante potencial. Si nos hizo retorcernos de dolor con la brutalidad de Evil Dead, ahora nos mantiene pegados al asiento con suspenso bien llevado e in-crescendo.

Trailer Don’t Breathe:

Trailer 31:

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