Reseña al paso: El Año del Apocalipsis

Una película de antología experimental que tiene el potencial y las intenciones, pero se queda a menos de mitad de camino.

Historias que transcurren en cada mes de un año en el que Lima ha sufrido una epidemia, donde los muertos reviven para devorar e infectar a los vivos.

Intendo rescatar lo bueno de El año del apocalipsis podemos encontrar que hay una ligera noción en las historias (no todas, dicho sea de paso). Se percibe que el director/productor/guionista Rafael Arévalo plantea crónicas que contienen un potencial para generar diversidad. No solo en las narraciones sino también en el formato.

Sin embargo, como se mencionó más adelante, la cuestión queda en un intento. A veces, dicho intento le faltó pulirse; caso contrario, no tiene la gracia suficiente. El hecho de que sea busque crear una obra experimental no justifica la manera de desarrollarse. La idea de la técnica y formato parece que estuvieran ahí porque sí, porque se podía hacer, más no pareciera estar fundamentado.

Aquella casi hora y cuarenta minutos de largometraje se convierte tedioso, repetitivo, agobiante. La idea de emplear música de fondo constante si sonido ambiental y reemplazando las voces por subtexto da la sensación de que se realizó a manera de esconder algunas falencias en vez de formar parte de una propuesta artística. Es una opinión personal, no me atreveré a decir que fue así.

Las actuaciones requerían, al ya haber dicho sobre los subtextos, de un desempeño corporal elemental; algo que no se ve presente. Las acciones, movimientos y gestos de los actores eran muy sosos, falta de experiencia. Los subtítulos tampoco aportaban a los personajes, no solo por la manera en decirse, sino por el contenido mismo. No se sentían diálogos naturales, como si hubiera faltado una revisión minuciosa en el guión.

La edición es otro problema a resaltar. Y es que al tratarse de una película de poco presupuesto, el montaje era indispensable para esconder los pequeños detalles; cuestión que falla al no cortar donde se debería cortar o improvisar de manera poco acertada. Y no solo eso, sino también repetir las mismas técnicas durante toda la película. El sonido es también otro error, si se carece casi por completo del sonido ambiental o diálogos, estos cuando aparecen están mal nivelados y mezclados.

En resumen, El Año del le faltó demasiado por trabajar, por pulir, por resolver. Una lástima porque, dentro del desorden y el caos, se entiende que hay ahí un potencial que no lo explotaron como debió ser.

Trailer:

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